El día que murió la música disco

//El día que murió la música disco

¿Qué pasa cuando un nuevo género musical se convierte en la banda de sonido predominante de la realidad y en la nueva “onda” a la que debe adherirse para no ser considerado un forastero cultural? Lo que suele pasar es que dicho estilo musical suma tantos adeptos como detractores, la juventud del momento adopta -sin necesariamente proponérselo- esos sonidos como propios e identitarios de su generación, mientras que las generaciones anteriores se sienten extremadamente ajenas a estos nuevos códigos.

El rango etario juega un papel determinante en el grado de aceptación/rechazo respecto a las nuevas expresiones culturales pero también debe considerarse el profundo arraigo a otros tipos de lenguaje.

Estos movimientos que podrían explicarse tanto desde la perspectiva sociológica como desde el marketing avanzado, donde se produce un avasallante éxito comercial de un género musical y la consiguiente cancelación de todos los demás no son algo nuevo o propio de una época. El emblemático caso de la canción “Despacito” es quizás el más cercano a nuestros días y puede servirnos para trazar un paralelismo entre dos épocas y entender que de alguna manera, la historia se repite.

La publicación del mencionado tema de Luis Fonzi con Daddy Yankee en 2017, con su consiguiente éxito masivo al punto de no poder evitar escucharla al salir de casa, fue el punto de inflexión para la imposición del género musical que domina el mercado hasta la actualidad: el reguetón. Por los siguientes años se dejó de invertir en artistas que no abusen de la base rítmica tumpa-tumpa, del acento latino -si es que tal cosa existe- y del autotune.

En los setentas sucedió algo similar. Como evolución del funk de los 60s y el aporte de sonidos latinos añadidos principalmente por una creciente inmigración de población proveniente de todas las islas del caribe se gestó la música disco. En un principio como un movimiento de las periferias, como un género propio de los suburbios de gente negra y latina que fue acumulando popularidad hasta finalmente dar el salto al mainstream.

Este salto se produjo en 1977 y fue impulsado principalmente por el estreno de la película “Fiebre de sábado por la noche”, cuya banda de sonido con canciones como “Staying alive” de Bee Gees terminó convirtiéndose en uno de los álbumes más vendidos en la historia.

En los Grammy del año siguiente el disco arrasaría por sobre las demás propuestas musicales. Hasta entrado el año 1980 grandes artistas tambalean ante la arremetida de este nuevo género y en muchos casos, a regañadientes fueron obligados por sus contratos discográficos a incorporar sonidos disco en sus nuevas canciones. Rod Stewart publicó la bailable “Do you think I’m sexy?” alejándose completamente de las canciones rockeras en las que solía destacar, los Queen salieron airosos con la incorporación de una base disco a su tema “Another one bites the dust”. Kiss hizo lo propio con “I was made for loving you” que se convertiría en uno de los mayores éxitos de toda su carrera y hasta los Rolling Stones dieron el brazo a torcer con -la ahora asimilada y ultra respetada- “Miss you”.

La música estaba cambiando, las discográficas dejaron de buscar grupos de guitarras potentes y distorsionadas y, según escribe Peter Shapiro en su libro La historia secreta del disco: “Inflar a artistas faltos de talento con una dosis de cháchara se convirtió en norma de la industria discográfica durante el boom disco”.

En una época y lugar donde el mercado musical estaba regido principalmente por la radiofonía, el estrepitoso ascenso de la música disco al podio de lo comercial trajo consigo el desmantelamiento de varias emisoras establecidas y en el caso de las sobrevivientes, una profunda transformación de las clásicas Rock Radios hacia las nuevas Disco Radios. Reconocidos DJs y trabajadores radiales perdieron su empleo en este contexto, entre ellos el protagonista de esta historia: Steve Dahl.

 

Steve Dahl es un DJ de la ciudad de ChicagoDJ en términos radiales: locutor que realiza la operación técnica y musicaliza… nada que ver al concepto asociado a las discotecas- que solía conducir un programa matutino en radio WDAI, pero dicha emisora cambió su formato de rock a disco y por consiguiente despidió al animador.

En 1979 fue contratado por otra importante radio de la ciudad: The Loop FM, desde aquel lugar se planteó un personaje y una misión: era un soldado en el último bastión de los territorios del rock. El nuevo programa adquirió cierta reputación y nivel de audiencia debido a la provocadora actitud de Dahl frente a la imposición de la música disco. Bajo el lema Disco sucks -la música disco apesta- como grito de guerra, parodiaba y solía burlarse de los nuevos éxitos del género e incluso arruinaba algunos vinilos en vivo y de forma claramente audible para sus oyentes.

El punto culmine fue la realización de la “Disco Demolition Night” que podría traducirse como La noche de la demolición de la música disco, dicho evento fue organizado, anunciado y difundido por Steve Dahl en su programa radial. Fechado para el 12 de Julio de 1979, en el estadio de los White Sox, equipo de béisbol de Chicago, se propuso como show de medio tiempo aunque terminó convirtiéndose en el espectáculo principal.

 

Una idea simple y genial de mercadotecnia

La entrada costaba solo 98 centavos (ubicación de la Loop FM en el dial) a quien llevase un vinilo de música disco para sacrificar en medio del campo durante el entretiempo.

El objetivo de los promotores de White Sox era subir el nivel de popularidad de su equipo que venía atravesando una mala temporada y no vendían la cantidad de entradas deseadas, por lo que acordaron con Steve Dahl que durante el entretiempo del partido de aquel día contra los Detroit Tigers, el show de medio tiempo sería una explosion masiva de vinilos de música disco.

El evento fue difundido como el día y el lugar en que la música disco sería eliminada y enterrada de una vez por todas, causando gran efervescencia en los simpatizantes de Dahl y su estilo provocador. Pero también generó interés en ciertos sectores conservadores que se subieron a la ola destructiva con mensajes de odio racial, xenófobo y homófobo.

El estadio que normalmente albergaba unos 20.000 asistentes, ese día contabilizó más de 50.000, cifra que habría sido ampliamente superada dado que una enardecida muchedumbre quedó fuera del estadio mientras decenas de ellos trepaban con ayuda de quienes ya se encontraban en el recinto.

Llegado el esperado momento del medio tiempo, ingresó Steve Dahl con una enorme caja repleta de vinilos de música disco. La expectante multitud -que había aprovechado el módico precio de la cerveza en el abrasador sol de verano- comenzó por arrojar otros discos que habían llevado para sumar a la gran fogata, después decidieron tirar sus latas de cerveza y cuando se les terminaron empezaron a arrancar las butacas. El caos se había apoderado de la situación.

Acto seguido, los espectadores decidieron invadir el campo de juego y armar sus propias montañas de vinilos para incendiarlas por su cuenta. La policía comenzó a reprimir y se desataron las corridas. Una enorme muchedumbre corre para todos lados con fines diversos: escapar de la policía, salir del estadio o aprovechar la situación para expresar su odio racial, xenófobo y homófobo.

El saldo: 39 detenidos y algunos heridos de menor gravedad.

Del alocado experimento se desprenden varias conclusiones:

  • Por un lado, fue un rotundo éxito de marketing para Steve Dahl quien se convirtió en una celebridad nacional a raíz del gran escándalo mediático que significó aquella noche.

  • Fue un desastre absoluto para los White Sox que no volvieron a disputar el partido luego del entretiempo y tuvieron que cederle los puntos a sus rivales.

  • Fue la excusa perfecta para los violentos de siempre que aprovecharon la situación para desparramar su odio.

  • La música disco siguió existiendo, al igual que el rock y demás géneros musicales.

 

En 2019 al cumplirse 40 años de aquel evento los White Sox regalaron una remera conmemorativa a los asistentes del partido que se disputó el día de la efeméride y Steve Dahl, como cada año, fue acusado de esconder oscuras intenciones tras la quema de discos. “Estoy cansado de defenderme de las acusaciones de ser racista y homófobo por Disco Demolition. El evento no fue racista ni homófobo. Es importante que sea juzgado con la perspectiva de 1979. Aquella tarde fue una declaración de independencia frente a la tiranía de la sofisticación. Eramos como niños meando sobre un género musical” dijo Steve Dahl, quien contaba con apenas 25 años aquella noche de 1979.

La mítica emisora The Loop FM funcionó (como radio de rock) hasta 2018, año en que fue vendida por una suma cercana a los u$s 21.5 millones. Actualmente es una radio cristiana.

Steve Dahl continuó trabajando en la emisora hasta el día de su cierre definitivo.

 

By |2021-08-08T01:33:46+00:00julio 13th, 2021|Categories: Música|0 Comments
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